8 sept. 2017

Finde 024: Vera, Mojácar y Garrucha

Tras haber veraneado anteriormente por la zona de Cabo de Gata, en la costa de Almería, teníamos pendiente conocer la parte más oriental correspondiente a Vera, Mojácar y Garrucha por lo que nos organizamos para pasar una semana, tiempo mínimo para que nos cundiese el recorrer los 450 km que nos separaban del sitio.

La idea del viaje era de desconexión, en un lugar de playas no masificadas con espacio suficiente para relajarse y una piscina para esos momentos en los que da pereza ir a la playa pero apetece estar tirado al sol con un libro, que también es una buena opción.

Durante esta semana de viaje, teniendo como base un apartamento en Vera, hemos conocido varias playas, paseado por la noche en Mojácar y Garrucha, y también hemos hecho un par de escapadas a Murcia, una para ver la procesión de la Virgen del Carmen en Águilas desde un barco y otra para visitar a familiares que veraneaban en el Puerto de Mazarrón.  

A continuación os contaremos los pormenores del viaje, que comenzó en Sevilla un viernes 14 de julio por la tarde, y prosiguió desde Estepa al día siguiente, tempranito, llegando a Vera sobre las 12:00, hora en la que llegamos al apartamento que habíamos reservado a través de la web Homeaway.

El apartamento

El apartamento estaba en una planta baja dentro de una urbanización con adosados llamada Al Andalus Hill, a unos 5 minutos en coche de la playa y 20 andando según Google Maps, pero eso nunca lo experimentamos porque el sol que pegaba por el camino no invitaba a ello. 

Lo reservamos por 7 noches a un precio total de 450€, y aunque en un principio nos pareció que quizás era algo elevado al llegar vimos que valía su precio. Todo estaba perfectamente como se ve en las fotos, el apartamento tiene 2 habitaciones (antes de ir pensábamos que solo una), un salón amplio con aire acondicionado, dos buenos sofás, equipo de música, una cocina en la que no falta de nada, un pequeño patio interior para tender y dos cuartos de baño.




Como extra casi inesperado, en la parte delantera tiene un amplio porche en el que la buena temperatura invitaba a cenar por la noche, cosa que pusimos en práctica en algunas ocasiones. Además, a mediodía que daba la sombra sus tumbonas eran un buen lugar para echar la siesta. Muy recomendado esto del porche como extra a la hora de alojarse.


Y el plato estrella, la piscina, con amplias zonas para poner la toalla y espacio suficiente para que nadie te moleste en exceso. El primer día entre hacer la compra y la comida decidimos pasar la tarde en la piscina aprovechando que no había demasiada gente, pasando un rato agradable sin jaleo de niños corriendo, aunque en los días posteriores llegaron varias tropas que tomaron la piscina, pero sin molestar en exceso, también hay que acordarse cuando nosotros éramos los niños.  


Se fue haciendo de noche y la cena iba a ser fuera, así que nos planteamos ir a conocer Mojácar y cenar por allí a la aventura, donde nos apeteciera según fuésemos viendo. Mojácar está muy cerca de Vera, a una media hora en coche, y aunque tiene playa solo fuimos esa noche para cenar.

Cena y paseo en Mojácar

Aparcar en Mojácar es una odisea, y a pesar de no dar muchas vueltas porque cogimos un aparcamiento de uno que se iba la realidad es que fue suerte absoluta. Lo ideal es llegar temprano y poder encontrar un buen sitio porque si no os vais a hartar de subir y bajar cuestas. 

Dimos un paseo por sus callejuelas, viendo tiendas, bares, miradores, y también pasamos por la iglesia de Santa María, construida en el siglo XVI posiblemente sobre una mezquita árabe.


Durante el paseo una comercial del restaurante Pulcinella nos ofreció entrar y ocupar la mesa más bonita del restaurante, con unas vistas espectaculares y muy fresquita. Como era de esperar no era verdad y tuvimos que esperar 20 minutos dando un paseo y otros 10 en la terraza a que nos diesen otra mesa. Eso sí, la vista sí que era espectacular.


Pedimos para cenar una pizza olé y ternera saltimboca. Tardaron una eternidad en traer los platos, creo que 40 minutos, y en general estaba bien pero la ternera estaba fría y en la pizza algunos ingredientes aparecieron solo testimonialmente. Esto y las bebidas nos salieron por 32,35€. Si algo productivo tuvo esto fue que aprendimos que no hay que precipitarse a la hora de elegir el sitio para cenar. Quizás con menos prisa hubiésemos ido a algún sitio mejor, pero repito, en general estuvo bien.


Como acabamos muy tarde de cenar por el retraso en sacar los platos lo que hicimos fue irnos directos para Vera, ya que no era plan de seguir subiendo cuestas y estar cansados para el día siguiente, que las vacaciones acababan de empezar.

El Playazo, zona nudista

Nos levantamos temprano y nos fuimos a la playa más cercana a los apartamentos, El Playazo, que está al pie de la urbanización naturista Vera Natura, en la que la mayoría de personas practican el nudismo.

Algo habíamos oído y leído, y la confirmación llegó cuando estábamos buscando aparcamiento, ya que la gente paseaba desnuda o semidesnuda por las calles. Algo curioso si no estás acostumbrado al asunto.

Total, que como dice el refrán, "a donde fueres, haz lo que vieres", y eso hicimos. Lo que vimos. Con una naturalidad total, tanto nuestra como de la gente que nos rodeaba. Si nunca lo habéis hecho deberíais probar la experiencia.

A una hora prudente nos fuimos al apartamento a almorzar, ya que por la tarde nos íbamos a la localidad murciana de Águilas para ir a ver la procesión de la Virgen del Carmen montados en un barco. Si seguís el blog habréis leído el post anterior en el que contábamos la experiencia. Os dejamos por aquí una foto para no perdernos en detalle y os invitamos a leer cómo nos fue por allí.


Cala Panizo

El lunes por la mañana cogimos el camino por la costa en dirección Murcia, parando por varias calitas que nos iban saliendo al paso, viéndoles sus pros y contras para ver en cuál nos quedábamos. Lo bueno que tiene esta zona es que bajas con el coche hasta casi la orilla y además hay poca gente, nada que ver con el turismo tipo Benidorm o similares.

Finalmente paramos en Cala Panizo, una cala de unos 200 metros, de fácil acceso, con la arena típica de piedrecitas y un aire muy familiar. Se podría dividir en dos zonas, una más cercana al aparcamiento en la que se agolpa más la gente y otra más solitaria "lejos" del aparcamiento, que es donde nos pusimos. 


El agua en esta cala está perfecta, lo único que es muy recomendable llevar unas zapatillas adecuadas para andar dentro del agua, ya que el suelo es mitad arena,  mitad roca, y no es agradable lesionarse si te desequilibra una ola.

El Playazo, zona Textil

Como se estaba muy bien apuramos al máximo la mañana y fuimos también a la playa El Playazo, pero en esta ocasión a la zona textil, aunque había gente paseando desnuda por esa zona también.


Ese día almorzamos en la playa, con un picoteo en Cala Panizo y otro mayor en El Playazo. Luego volvimos al apartamento y nos dimos una nueva sesión de piscina, que para eso estaba.

Playa de Quitapellejos

Aprovechando que el martes habría menos gente de playeo que en el fin de semana, salimos de nuevo a explorar calas,  aunque por no complicarnos cogimos un desvío cercano a ver a donde nos llevaba, desembocando en la playa de Quitapellejos.


Es una playa que se podría considerar como una extensión de la playa El Playazo, muy solitaria en su extremo más alejado de Vera y populosa en la zona cercana a unas urbanizaciones. Con fácil aparcamiento a la sombra de unas palmeras a 20 segundos de la orilla. Un lugar tranquilo si te estás iniciando en el nudismo.

Tras un par de horas de playa volvimos a almorzar, echar la siesta y darnos un bañito en la piscina, no mucho tiempo porque queríamos ir temprano al restaurante indio Gateway to India, que según leímos se llenaba en nada.

Restaurante Indio Gateway to India

Cogimos sitio y empezamos a pedir sin reparar en que iba a ser mucha comida. Y lo fue. Pedimos una cerveza Cobra que es la típica que hay que tomar, mucha agua para apagar el picante, y varias cosas que no sabría identificar con las fotos pero se llamaban chicken birya, prawn mango, "no se qué" samosa y cheese nan. Por suerte tomamos fotos para que al menos quedara testimonio gráfico de lo que estábamos disfrutando.


Estaba todo riquísimo y para movernos de allí necesitamos una grúa. ¡Qué lote nos dimos! Para ir haciendo la digestión dimos un paseo por las urbanizaciones, llegando hasta la playa y descubriendo un chiringuito, La Perla del Mar, al que iríamos más adelante. 


Además, vimos una señal de tráfico un poco maligna con sus orejillas de diablo.


Cena en La Perla del Mar

Nuestro quinto día fuimos al Puerto de Mazarrón a ver a unos familiares que estaban veraneando allí y echamos el día de playa con ellos. Es un sitio muy tranquilo para ir en plan familiar, con aguas calmadas y con todo lo que se puede necesitar.

Volvimos a Vera y esa noche cenamos en La Perla del Mar, el chiringuito que vimos en la playa el día anterior. Pedimos chanquetes, sardinas, cazón y algunas copas de vino y café, todo por 27,30€.



Y de postre, un heladito en una zona comercial dentro de las urbanizaciones más cercanas a la playa, un lugar muy ambientado sobre todo por familias. Mucha gente pero sin llegar a estar masificado, eso es lo mejor de esta zona.


Cala Mochuela, el gran descubrimiento

Casi al final de la semana descubrimos una cala un tanto escondida que se conoce como Cala Mochuela. Está a unos kilómetros de Vera y el acceso está algo oculto. Una vez dentro aparcas en la orilla, ya que hay poca gente y se puede llegar con el coche. 


El agua está algo más movida que en otras zonas y al entrar pisas en una mezcla de rocas y vegetación, pero con unas zapatillas de rocas y teniendo cuidado no supone un problema. 



El punto fuerte de esta cala, nudista o textil, como prefieras, es la tranquilidad. La gente está muy distante entre sí y hay una minicala dentro de la cala que te da un plus mayor de tranquilidad. 


Nos encantó el sitio, sin duda nuestro último día de vacaciones en Vera lo pasaríamos allí.

Cena en Garrucha, Restaurante El Califa

Esa noche nos fuimos a Garrucha, a pocos kilómetros de Vera, descubriendo que es un lugar que se asemeja un poco en su paseo marítimo a la Costa del Sol. Nos resultó muy complicado aparcar y tras conseguirlo, nos dimos un paseo entre su gran oferta de restaurantes, tiendas, heladerías, etc.

Finalmente nos sentamos en el restaurante El Califa, en el paseo marítimo, y pedimos para cenar una ensalada, unas croquetas "caseras" (de paquete y barato) y una fritura de pescado. Todo con las bebidas por. 36,80€, algo elevado para lo que era.



De vuelta a Cala Mochuela

Nuestro último día de playa sería sin duda en Cala Mochuela, ya que el día anterior estuvimos muy agusto allí. Nevera llena y sombrilla en mano nos fuimos a las 11:00 con idea de coger la minicala en la que habíamos estado el día antes, y vaya si la cogimos, no llegó nadie hasta las 17:00, tan sólo algunos coches que llegaban y se iban sin bajarse.


Apuramos al máximo la tranquilidad de esta calita hasta las 18:00 aproximadamente, y nos despedimos con la idea de regresar algún día. Ya solo nos quedaba en Vera recoger un poco, cenar, y disfrutar de la sobremesa al fresquito del porche del apartamento.

Almuerzo en ruta en El Pulguilla, en Nerja

Y tocaba volver a casa, pero de camino paramos en Nerja para almorzar, en el bar El Pulguilla, que lo conocíamos de cuando pasamos dos días y una noche allí hacía unos años. Este bar es un acierto seguro, un lugar en el que sabes que la comida está bien, te atienden rápido y está muy bien de precio. Una vez almorzados, dimos una ligera vuelta al Balcón de Europa y fuimos emprendiendo la vuelta. 


Como aún era temprano, volvimos a parar, en esta ocasión en Málaga, para darnos un bañito en la playa de El Palo, un sitio al que solemos ir cuando estamos en Estepa que es a donde nos dirigíamos como paso previo a Sevilla. 

Y se acabó lo bueno...

Fueron las vacaciones añoradas, una semana sin tener apenas nada que hacer, de mente en blanco y tranquilidad. Pero no acabaron aquí, tras un día en Sevilla, nos fuimos 4 días más a Tarifa y un fin de semana a Fuengirola. Pero esto ya es otra historia, nada que ver con la tranquilidad de Almería

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